26/2/15

Johnny Shiloh

John Clem, de Ohio (1851-1937), intentó alistarse a los 10 años en el Ejército de la Unión, en el recién formado tercer Regimiento de Ohio; al no conseguirlo, lo intentó en el 22º de Michigan, donde su persistencia convenció a los oficiales para aceptarlo como mascota y como tambor, aunque sin nombramiento oficial.

John Clem
En la batalla de Chickamauga (septiembre de 1863), con su unidad rodeada, un coronel confederado intimó al niño a rendirse, pero Clem le disparó a bocajarro y huyó para reunirse con sus líneas. Por esta acción, que tuvo gran repercusión en la prensa del Norte (se hizo una celebridad nacional: "el tambor de Chickamauga"), John Clem fue ascendido a sargento.

Se dice que sirvió como tambor en la batalla de Shiloh (abril de 1862), donde se ganó el apodo de "Johnny Shiloh" (dando lugar a una famosa canción de la época, de William S. Hays), aunque el 22º de Michigan no se había formado aún en esa época. Por cierto, que tampoco hay ningún informe oficial de un coronel confederado caído en las circunstancias descritas en la batalla de Chickamauga.

El chaval luchó también en Perryville, Murfreesboro, Kennesaw y Atlanta, donde fue herido dos veces.

Clem fue licenciado del ejército en 1864, a los 13 años, aunque trató de hacerse militar en 1870. Fue propuesto para ingresar en la Academia de West Point por el ya presidente Grant, pero John no logró pasar (tras varios intentos) las pruebas de acceso, por lo que Grant lo nombró directamente segundo teniente en el Ejército de EE.UU.

Clem disfrutó de una segunda carrera militar exitosa y se retiró en vísperas de la entrada de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial con el rango de general de división, el último veterano de la Guerra de Secesión que sirvió activamente en el Ejército de EE.UU.


En este video se puede escuchar la canción citada, "Johnny Shiloh", junto con otras dos de las que ya he hablado: "When This Cruel War Is Over" y "The Bonnie Blue Flag"; corresponde a una película de tv, año 1957, de los estudios Walt Disney:

22/2/15

Visitas turísticas

El otro día tomaba café con un amigo en Alaquás (este dato es absurdo y totalmente prescindible, pero no más que lo que sigue), que me contaba su último viaje a Nueva York.

Me decía: "Merece la pena acercarse hasta Washington para ver la estatua del hombre ése que está ahí sentao".

Es una definición bastante exacta, incluso objetiva.

18/2/15

Un caballero español (Mt. 7:1-2)

Carlos Álvarez de la Mesa nació en Madrid en 1828 y en 1861 lo encontramos en Nueva York, sin que se sepa cómo y por qué andaba por allí, aunque sí consta que dejó una gran familia en España, incluyendo hermanos y una hermana, su madre, su padre, tíos y tías.

Al estallar la Guerra se alista en la Compañía C del 39º de Infantería de Nueva York, y un día antes de salir hacia el frente se casa con Frances (Fannie) Taft. (De hecho, lo que se sabe del personaje es a partir de las amorosas cartas, unas 200, que desde el campo de batalla dirige a su esposa).

En la batalla de Gettysburg (julio de 1863) el capitán Álvarez de la Mesa fue herido de bala en un pie, aunque lo peor para su integridad física fue que, al caer, fue pisoteado por sus hombres; el 30 de septiembre de 1863 fue dado de baja en el servicio, presumiblemente a causa de las heridas recibidas, y pasó a formar parte de la Reserva del Cuerpo de Veteranos.


En 1865 encontramos a Carlos trabajando en el hospital militar de Albany, mientras que Fannie y sus tres hijos viven en Grafton, Massachusetts, cerca de la familia de ella. Años después, Álvarez enferma a causa de enfermedades venéreas presumiblemente contraídas durante la guerra (Mateo, 7:1-2), y muere en un manicomio de Washington en 1872.

Está enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington junto a su hijo, que murió mientras servía como médico militar en la guerra entre España y EEUU (1898).

Nieto suyo fue el general de la II Guerra Mundial, Terry de la Mesa Allen, Sr., comandante de la 1ª División de Infantería (The Big Red One) en el norte de África y Sicilia, y más tarde de la 104ª división de Infantería, con la que llegó hasta Colonia en 1945.

14/2/15

Una historia (no inventada) para San Valentín


Thomas C. Dula, conocido como "Tom Dooley" nació en 1845 en el Condado de Wilkes (Carolina del Norte); a los 17 se alistó en el ejército confederado (Compañía K, 42º Regimiento de Infanteria de Carolina del Norte), en el que permaneció hasta el final de la Guerra.


Dula sufrió varias heridas en diferentes batallas y sus dos hermanos perecieron en la contienda. Dula andaba en amores con Anne Foster, pero la muchacha, durante la ausencia de Tom, aprovechó para casarse con un tal James Melton.

Un clavo saca otro clavo (al menos eso dicen los que no entienden de carpintería), así que al regreso Tom empieza relaciones con Laura (una prima de Anne), quien pronto queda embarazada, por lo que ambos deciden escaparse juntos. No se volvió a ver a Laura con vida, porque se encontró su cadáver con varias puñaladas.

Por lo visto, aunque Anne ya estaba casada, no llevaba muy bien los nuevos amores de Tom con Laura; se decía que Anne seguía enamorada de Tom, por eso, en un primer momento, fueron detenidos ambos y acusados de la muerte de Laura. De hecho, fue la información que brindó Anne la que permitió descubrir el cuerpo de Laura.

El amor, lo que tiene, que viene y se va (siguen diciendo los que no entienden de carpintería): Anne acusó a Tom del asesinato, éste no quiso implicarla a su vez, y cargó con toda la culpa. Tom fue ahorcado el 1 de mayo de 1868, con 22 años.

En 1929 el violinista G. B. Grayson y el guitarrista Tom Whitter componen la canción “Tom Dooley”, que años después es grabada (su versión más conocida) por el “Kingston Trío”, llevándola al primer lugar de las listas en EEUU en 1958.


Cuando mi padre paraba en el Roma a principios de los 60, Viñas recibía los discos con los que la casa “Fundador” promocionaba su coñac; porque le sobraran, o por amistad, le regaló muchos a mi padre, discos que conservo, y en uno de los cuales escuché por primera vez el “Tom Dooley” de los Kingston:


Y en 2012, cuando Neil Young se reunió de nuevo con los “Crazy Horse” para grabar el álbum ‘Americana’. hicieron también una versión de la balada de Tom Dooley

10/2/15

Demasiadas cosas en la cabeza

Thomas William Chandler había nacido en Inglaterra en 1829; vivía en Nueva York y trabajaba de sastre, más concretamente cortando camisas. En 1854 se casó con Fanny Stevenson y tuvieron dos hijos y una hija.

Thomas se alistó como soldado raso en el 67º de Nueva York en 1861, al estallar la Guerra; en 1863 fue ascendido a sargento, y en 1864 a segundo teniente.

El 25 de marzo de 1865 recibió un balazo en la cabeza, en el lado izquierdo. Pasó 35 días en un hospital de campaña, y 30 días más en situación "oficial" de permiso... todo ello con la bala alojada en su cabeza, bala que por fin le fue extraída por un médico de Brooklyn, el dr. John Johnson.

Luego nos quejamos de andar por ahí con demasiadas cosas en la cabeza.

Esto es de su solicitud al gobierno, en 1880, de una pensión como herido de guerra: "Su trabajo en la vida civil era el de capataz en una fábrica de camisas. Su herida le impide continuar con su trabajo. La labor de cortador de camisas requiere cuidado y atención y emplear la mente constantemente: tiene que recordar cuántas piezas ha recortado y su memoria no le permite hacerlo con precisión y rapidez, y por tanto su herida reduce sus ganancias unos 60$ al mes. Las temperaturas extremas afectan a su cabeza y la herida debilita y distrae su capacidad mental".

El tipo era discreto, tampoco pedía mucho, 15$ al mes. Y lo hacía 15 años después de haber sido herido.

Thomas William Chandler murió el día de San José de 1882 a los 52 años. De una congestión cerebral.

5/2/15

Rankings

Nathan B. Forrest (Troiani)

Aunque sea una lista personalísima (espero que no caprichosa) es complicado hacer un ranking de los mejores jefes de caballería de la Guerra de Secesión.

He descartado (aparte de personajes nefastos por su ineptitud, aunque algún día también se puede hablar de ellos) a aquéllos que no participaron en acciones de renombre, así como a los que no ostentaron el mando, como mínimo, de una brigada.

Tampoco he incluido a los que, cumpliendo esas condiciones, actuaron al mando de la caballería sólo circunstancialmente (por ej., Sheridan).

Y, al contrario que los chinos de Shangai, no tengo en cuenta los premios Nobel.

Wheeler
(Pinchando en cada nombre  —los que tienen enlace—  se llega a cada post de este blog en que hablaba de cada uno de ellos).

Confederación:
6, Wade Hampton

Mosby y Stuart (Wright)
John Hunt Morgan (Kunstler)
Jackson y Ashby (Strain)

Unión:
2, James H. Wilson

Buford y su Estado Mayor
Grierson

Esta es mi lista, tan convencional y discutible como otra cualquiera, pero teniendo en cuenta:

  • Es difícil no incluir gustos y preferencias personales en una cuestión que no es mensurable al modo de las estadísticas de los jugadores de baloncesto.
  • La de Secesión fue una especie de "frontera" entre la guerra clásica y la moderna; y una de sus innovaciones fue la irrupción de la propaganda de los medios de comunicación a la hora de encumbrar y hacer populares a los combatientes.
  • La opinión común se encontraba también condicionada por circunstancias tales como el Estado de procedencia, el valor demostrado en combate (aunque en algún caso fuera temerario, inútil y nada profesional), el éxito con las mujeres (sí), sus contactos políticos, lo llamativo de su vestimenta e incluso su pertenencia a la masonería.

Pero en mi opinión, gente como JEB Stuart (en el Sur), sin negar su profesionalidad, experiencia previa a la guerra y éxito general de su cometido (aunque con excepciones determinantes), se encuentra algo sobrevalorada por el hecho de ser un virginiano en un ejército de virginianos, aparecer como el tipo de "héroe" que gustaba a los periódicos, y haber vivido deprisa, muerto joven y dejado un bonito cadáver.

Y (también en mi opinión) George Custer en el Norte fue el típico ejemplo de egocéntrico en busca de gloria y reconocimiento personal, celoso de sus compañeros mejores soldados, poco profesional en ese valor temerario y egoísta que hace siempre perder vidas inútilmente, y mimado por los medios de comunicación, los historiadores (y cineastas poco rigurosos) por sus acciones durante la guerra así como después, tras el estúpido suicidio colectivo en Little Big Horn.

Por cierto, que los cineastas poco rigurosos suelen dejarnos obras maestras.

2/2/15

No era como Mrs. Danvers

Mary Larkin nació en abril de 1822 en Galway, en el oeste de Irlanda. Fue educada en un convento, donde aprendió a ser costurera. Se casó con un capitán de barco, Matthias O'Melia, y quedó viuda a los 25 cuando aquél se perdió en el mar.

Mary O'Melia no se quedó en el muelle hablando con las olas, sino que cogió a sus hijos y emigraron todos a EEUU, estableciéndose en Baltimore en 1850.

En 1861, con la Guerra a punto de empezar, dejó a sus hijos para visitar a unos amigos de Richmond, en el Sur; pero cuando Virginia abandonó la Unión, encontró grandes dificultades para regresar al Norte. Como buena irlandesa católica, apeló al obispo para que intercediera en su favor y éste le presentó a Varina Davis, esposa de Jefferson Davis, el presidente de los Estados Confederados.

Varina convenció a Mary O'Melia para que aceptara el puesto de ama de llaves de la Casa Blanca de la Confederación, a pesar de la separación de sus hijos. Con el tiempo, Mary se convirtió en confidente de la primera dama, y el hecho de que no sepamos mucho de esas confidencias habla muy bien de la discreción del ama de llaves.

Mary permaneció en la Casa Blanca de la Confederación (al frente de un equipo de sirvientes de más de 20 personas) hasta la caída de Richmond en 1865… y más allá, pues al huir los Davis para no ser capturados por los nordistas (al final lo fueron), Mary se quedó manteniendo la casa todo lo bien que le fue posible. Después regresó a Baltimore, donde trabajó en diversos internados hasta su muerte en 1907.

Cuando supe de esta historia imaginaba a Mary O'Melia así como Mrs. Danvers, pero muy recientemente se ha descubierto una foto con su verdadero rostro.

29/1/15

No me cogeréis, malditos yanquis.


Rose Greenhow (de soltera O'Neal) nació en 1814 en una plantación de Maryland, de padres esclavistas y católicos.

Quedó sin padre a los tres años, cuando éste fue asesinado; ante la situación de pobreza, Rose, sus hermanas y su madre viuda se trasladaron a vivir a Washington con su tía, quien mantenía una elegante casa de huéspedes cerca del Capitolio.

Rose hizo pronto conocencias entre la alta sociedad de Washington, llegando a formar parte de la “jet set” de entonces; en 1835 se casó con el dr. Robert Greenhow, prominente médico y abogado, que trabajaba en el Departamento de Estado de EE.UU; tuvieron cuatro hijas: Florence, Gertrude, Leila y Rose. Robert murió en un accidente en San Francisco en 1854.

Mensaje cifrado de Rose Greenhow
Rose era favorable a la causa confederada y fue reclutada como espía por el Sur. En julio de 1861 envió desde Washington mensajes cifrados sobre planes y movimientos de tropas de la Unión que ayudaron a la victoria de los sudistas en la primera batalla de Bull Run; temiendo ser descubierta, envió a sus hijas fuera de la ciudad a vivir con otros familiares, quedándose sólo con la pequeña Rose; en agosto es sometida a arresto domiciliario y los agentes nordistas descubren en su casa mensajes cifrados y otras pruebas incriminatorias.

Tras ello, la encierran en prisión y se permite a su hija pequeña de 8 años quedarse con ella (la foto con la niña está tomada en la cárcel). Se dice que incluso desde la cárcel seguía transmitiendo mensajes al Sur. Rose nunca fue sometida a juicio. (Lincoln mucha estatua en el Capitolio y mucho Monte Rushmore, pero el respeto a los derechos civiles no era lo suyo).


En mayo de 1862 Rose y su hija fueron puestas en libertad, a condición de que se mantuvieran dentro de los límites de la Confederación (??). Al llegar a Richmond (Virginia) se le aclamó como una heroína, y fue enviada a Francia e Inglaterra en misión diplomática en favor de la causa Sudista. Se dice que fue recibida por Napoleón III y la reina Victoria. En Londres publicó sus memorias, que gozaron de gran éxito de ventas.

En agosto de 1864 Rose emprendió el regreso desde Europa a la Confederación; el 1 de octubre el barco en que viajaba encalló cerca de Wilmington, Carolina del Norte, mientras era perseguido por una cañonera de la Unión. Temiendo ser de nuevo encarcelada, Rose huyó del barco a tierra en un bote de remos. Una ola volcó el bote y Rose se ahogó. A ello ayudaron bastante los 2 mil dólares en oro que, producto de la venta de sus memorias, llevaba cosidos en su ropa interior y colgados alrededor de su cuello.

Al recuperar su cuerpo se encontró un ejemplar de su libro de memorias y, entre sus páginas, una nota destinada a su hija, la pequeña Rose, que decía… Bueno, no nos importa lo que dijera, hay cosas que han de quedar entre madre e hija.

26/1/15

Si hay que vivir, se vive

Henry H. Sibley (1816–1886) fue un general de Luisiana que mandó el Ejército Confederado en el territorio de Nuevo Méjico (batallas de Valverde y Glorieta Pass).

Inventó y patentó antes de la Guerra la “tienda Sibley”, que fue muy usada por el ejército de la Unión (evidentemente de éste no cobró derechos), incluso por el ejército británico; también inventó la “estufa Sibley”, empleada en el interior de esas tiendas.

(Frederic Remington)

Tras su derrota en Glorieta Pass (marzo de 1862) tuvo varios tropiezos más, fue llevado ante un Consejo de Guerra (ir borracho todo el día y mandar una brigada como que es algo incompatible en opinión de algunos mandamases tiquismiquis) y, aunque finalmente no fue condenado por la acusación de cobardía y desobediencia, se le retiró definitivamente del mando.

Al acabar la Guerra entró al servicio del ejército Egipcio supervisando la construcción de defensas costeras; recayó en el alcohol y fue destituido por enfermo e incapaz. Regresó a EEUU y siguió trabajando en otras invenciones para el ejército; libró su última batalla contra el Gobierno, esta vez en los Tribunales, para obtener compensaciones económicas por el uso de sus patentes.

Murió en la pobreza en 1886.

23/1/15

"When Johnny Comes Marching Home"

Esta canción fue compuesta en 1863 por Patrick S. ("Percy") Gilmore, director de una banda del Ejército de la Unión, concretamente del Regimiento nº 24 de Massachusetts.


A mí me trae dos recuerdos de la infancia, que cuento a sabiendas de que maldito lo que importarán:

El primero, de 7º de EGB, cuando nos hizo aprenderla (con la letra de "the animals went in two by two") la profesora de inglés, Dª M., la única mujer menor de 70 años que veíamos entre esos muros, lo cual explicaba (no diré que justificara) que el Abilio, un tío muy bruto, estuviera cada dos por tres recogiendo su lápiz del suelo a ver si atisbaba lo que se extendía más allá de los tobillos de la susodicha.

Y el segundo, por ser el tema central de un peliculón de Billy Wilder: "Traidor en el Infierno" ("Stalag 17", 1953).

16/1/15

¿Le tocaba siempre el caballo más lento?

El soldado Philip W. Carper, 35º Batallón de Caballería de Virginia, luchó en la batalla de Brandy Station (9/6/1863), donde fue herido de un sablazo nordista y hecho prisionero.

Tras un periodo en prisión fue intercambiado, y nuevamente hecho prisionero el 27 de diciembre; otra vez intercambiado, se rindió en mayo de 1865 al acabar la Guerra.

Murió en 1918.

10/1/15

Custer el estupendo

I

Una circunstancia que explica muchas de las actitudes de George A. Custer y los acontecimientos en los que participó fue que entendió perfectamente, en un momento histórico tan temprano, el poder de los medios de comunicación y su influencia sobre la opinión pública. Créate una imagen y una fama, y todo lo demás rodará solo. Ello le benefició durante la Guerra, luego durante las Guerras indias, y sobre todo después de muerto. Un caso típico en el que la estupenda opinión que uno tiene sobre sí mismo acaba contagiándose a todo el mundo excepto a los que le conocen bien.

Custer salió de la Academia de West Point en 1861 sin haber acabado su formación, como muchos otros, por necesidades de la Guerra que acababa de estallar. Llegó a General no tanto por méritos propios, sino porque hacían falta generales y no había mucha gente con una mínima formación militar. Eran lo que se llamaban "brevet generals", una especie de nombramiento provisional que quedaba sin efecto al terminar la contienda.

El caso es que, acabada la Guerra, su rango quedó en capitán. Es decir, que ni tan siquiera, en el momento de Little Big Horn, era el coronel de su Regimiento, el 7º de Caballería, aunque sí estaba al mando del mismo en esa campaña, como teniente coronel.

La historia, la de siempre; los indios que guardan sus montañas sagradas en lo que es hoy Dakota, Montana y por ahí, bajo el amparo de un tratado firmado con el Gran Padre Blanco, los buscadores de oro que se meten por medio, los indios que les atacan, el Ejército que protege a los buscadores de oro, el Tratado que queda en papel mojado, los periódicos clamando contra los diablos rojos, las elecciones que están próximas, y la cosa que se lía.

II

En la Guerra de Secesión, al mando de sus escuadrones de caballería, Custer perseguía a los rebeldes del Sur y su propia fama ante la opinión pública, en ambos casos con el mismo denuedo y temeridad.

No puede decirse que fuera un tipo cobarde, al revés, pero la temeridad en búsqueda de la gloria no es una cualidad militar, mayormente cuando tantas vidas están bajo tu responsabilidad. Mediante cargas (“trombas”) de caballería, Custer obtuvo muchas victorias durante la Guerra de Secesión, y fue quizás esa forma de pelear la que le perdió años después en el río ‘Little Big Horn’ frente a Caballo Loco, un guerrero sioux que sabía más de táctica por diablo rojo experimentado que por haber asistido a West Point.

A Custer le perdió esa forma de pelear, y también la autoconfianza: pensar que luchaba contra salvajes ignorantes (lo que era cierto, salvo a la hora de combatir) y eso hacía innecesario  —y contraproducente para la gloria personal que buscaba—  esperar refuerzos, contar con artillería y atender los consejos de sus exploradores.


III

Cuando las tropas del coronel Gibbon llegaron al lugar donde el destacamento de Custer había sido aniquilado el 25 de junio de 1876, lo encontraron plagado de cadáveres mutilados de mil maneras, sin caballeras y, algunos, incluso sin lo que no son cabelleras.

(Custer no fue el último en caer en la batalla, tal como lo presenta normalmente el cine, sino de los primeros. Y no perdió todo su Regimiento, sino sólo el destacamento de unos 200 hombres a su mando tras dividir sus fuerzas  —otro exceso de confianza—  antes de la batalla).

A partir de ahí se pusieron en marcha la política, la prensa y la hagiografía. Los indios (la nación sioux) no ganaron ya más batallas e iniciaron su decadencia y su desaparición como pueblo, si es que lo habían sido alguna vez. Custer, con el eficaz y esforzado concurso de su viuda, se convirtió en héroe nacional, ejemplo de virtudes militares e incluso (atención a la cutre-ironía) comprensivo con los indios. 

Hoy es un personaje cuanto menos discutido; su fama ha ido oscilando entre la elevación a los altares y el cuestionamiento total. Desde el héroe de “Murieron con las botas puestas” (Raoul Walsh, 1941), al muñeco patético y grotesco de la hippie “Pequeño Gran Hombre” (Arthur Penn, 1970).

Da igual. El bueno de Myles Keogh que, desde su Irlanda natal y hambrienta de patatas, había luchado en los ejércitos del Papa, cabalgó con Buford en Gettysburg, bailó el vals con la mujer del capitán Nathan Brittles, y cuyo caballo, “Comanche”, sobrevivió a la masacre… hubiera merecido contar a sus nietos sus aventuras. Y no pudo.

4/1/15

Vísperas

¿Cómo fuera para algunos la víspera de Navidad de 1860, la última antes de empezar la Guerra en abril de 1861?

Lincoln había ganado ya las elecciones, pero no había tomado posesión como Presidente de los EEUU. En la víspera de Navidad compró once pañuelos como regalos de Navidad. Siempre tan adulto.

En una tienda de Galena, Illinois, el mismo día de Nochebuena, un agobiado empleado de mediana edad (Ulises S. Grant) atendía a los clientes de última hora.

En una pequeña guarnición de Tejas, el coronel Robert E. Lee escribe a su irascible esposa disculpándose por no poder estar en casa con ella y los niños en Navidad, expresando su preocupación por la crisis nacional, y su esperanza en no tener que elegir entre la lealtad a su país y la lealtad a su Estado.



En el Sur, los esclavos de las plantaciones aguardaban el descanso que suponía la celebración de la Navidad, y en Maryland dos jóvenes negros esperaban con inquietud su próxima venta al día siguiente. (Las Navidades eran una época en que en las plantaciones se aprovechaba para cerrar los libros de cuentas y vender esclavos).

1/1/15

Las hermanas

“Los cuatro jóvenes rostros, sobre los que se reflejaba la luz del fuego de la chimenea, se ilumina­ron al oír las animosas palabras; pero volvieron a ensombrecerse cuando Jo dijo tristemente: 

—No tenemos aquí a papá, ni lo tendremos por mucho tiempo. 

No dijo «tal vez nunca», pero cada una lo añadió silenciosamente para sí, pensando en el padre, tan lejos, donde la lucha tenía lugar. Ninguna habló durante un minuto; después dijo Meg con diferente tono: 

 —Sabéis que la razón por la que mamá propuso que no hubiera regalos esta Navidad fue porque este será un duro invierno para todos, y piensa que no debemos gastar dinero en caprichos mientras nuestros hombres sufren tanto en el frente. No podemos ayudar mucho, pero sí hacer pequeños sacrifi­cios, y debemos hacerlos alegremente”.

29/12/14

Última Navidad en Richmond

La Navidad de 1864 sería la última de la guerra. Lee y su Ejército de Virginia estaban sitiados por Grant en Richmond y Petersburg, y Sherman avanzaba a sangre y fuego a través de Georgia. Con la mayoría de los puertos confederados en manos federales, el bloqueo naval de la Unión estaba agotando los recursos del Sur no sólo para la guerra, sino también para la población civil.

Varina Davis
Varina Davis, la esposa de Jefferson Davis, presidente de la Confederación, escribió sobre la vida en Richmond, la capital asediada, aquella Navidad: “Las caras sonrosadas, expectantes, de nuestros hijos pequeños eran un constante recordatorio de que el propio sacrificio ha de ser la ofrenda personal de cada miembro de la familia. ¿Cómo satisfacer a los niños cuando lo poco que podemos hacer es improvisar para atender las necesidades básicas de los miembros adultos de cada hogar de la Confederación?”.

En la ciudad hay un orfanato para hijos de soldados caídos, y para aquellos otros que ya carecen de todo. Robert Brown, sirviente de los Davis, se ofrece para hacer a mano una casa de muñecas, de cera, “una casa bastante segura (sic), con cuatro habitaciones”, decía. “Sería un bonito regalo para la niña más aseada del orfanato”. Sigue Varina: "Las damas se dispersan en patrullas ansiosas de cazar juguetes, y cada una acude al almacén de tesoros de sus hijos para contribuir al árbol de los huérfanos; mis pequeños fueron a casa a buscar sus propios tesoros: muñecas sin ojos, caballos con tres patas…”.

En la noche de Navidad se celebra un baile benéfico. Cuenta Varina que “Los oficiales viajaron a la ciudad desde el frente  —no era una larga distancia—  y se vistieron con sus uniformes de gala para el evento”. Llegaron al baile acompañados de bellas jóvenes, a quienes Varina describe "frágiles como hadas, pero agotadas de trabajar como campesinas para su hogar y su país... Así, con el intercambio de cortesías y actos de caridad, a lo que no pudimos añadir comodidades y placeres, pasó la última Navidad en la mansión de la Confederación".