29/1/15

No me cogeréis, malditos yanquis.


Rose Greenhow (de soltera O'Neal) nació en 1814 en una plantación de Maryland, de padres esclavistas y católicos.

Quedó sin padre a los tres años, cuando éste fue asesinado; ante la situación de pobreza, Rose, sus hermanas y su madre viuda se trasladaron a vivir a Washington con su tía, quien mantenía una elegante casa de huéspedes cerca del Capitolio.

Rose hizo pronto conocencias entre la alta sociedad de Washington, llegando a formar parte de la “jet set” de entonces; en 1835 se casó con el dr. Robert Greenhow, prominente médico y abogado, que trabajaba en el Departamento de Estado de EE.UU; tuvieron cuatro hijas: Florence, Gertrude, Leila y Rose. Robert murió en un accidente en San Francisco en 1854.

Mensaje cifrado de Rose Greenhow
Rose era favorable a la causa confederada y fue reclutada como espía por el Sur. En julio de 1861 envió desde Washington mensajes cifrados sobre planes y movimientos de tropas de la Unión que ayudaron a la victoria de los sudistas en la primera batalla de Bull Run; temiendo ser descubierta, envió a sus hijas fuera de la ciudad a vivir con otros familiares, quedándose sólo con la pequeña Rose; en agosto es sometida a arresto domiciliario y los agentes nordistas descubren en su casa mensajes cifrados y otras pruebas incriminatorias.

Tras ello, la encierran en prisión y se permite a su hija pequeña de 8 años quedarse con ella (la foto con la niña está tomada en la cárcel). Se dice que incluso desde la cárcel seguía transmitiendo mensajes al Sur. Rose nunca fue sometida a juicio. (Lincoln mucha estatua en el Capitolio y mucho Monte Rushmore, pero el respeto a los derechos civiles no era lo suyo).


En mayo de 1862 Rose y su hija fueron puestas en libertad, a condición de que se mantuvieran dentro de los límites de la Confederación (??). Al llegar a Richmond (Virginia) se le aclamó como una heroína, y fue enviada a Francia e Inglaterra en misión diplomática en favor de la causa Sudista. Se dice que fue recibida por Napoleón III y la reina Victoria. En Londres publicó sus memorias, que gozaron de gran éxito de ventas.

En agosto de 1864 Rose emprendió el regreso desde Europa a la Confederación; el 1 de octubre el barco en que viajaba encalló cerca de Wilmington, Carolina del Norte, mientras era perseguido por una cañonera de la Unión. Temiendo ser de nuevo encarcelada, Rose huyó del barco a tierra en un bote de remos. Una ola volcó el bote y Rose se ahogó. A ello ayudaron bastante los 2 mil dólares en oro que, producto de la venta de sus memorias, llevaba cosidos en su ropa interior y colgados alrededor de su cuello.

Al recuperar su cuerpo se encontró un ejemplar de su libro de memorias y, entre sus páginas, una nota destinada a su hija, la pequeña Rose, que decía… Bueno, no nos importa lo que dijera, hay cosas que han de quedar entre madre e hija.

26/1/15

Si hay que vivir, se vive

Henry H. Sibley (1816–1886) fue un general de Luisiana que mandó el Ejército Confederado en el territorio de Nuevo Méjico (batallas de Valverde y Glorieta Pass).

Inventó y patentó antes de la Guerra la “tienda Sibley”, que fue muy usada por el ejército de la Unión (evidentemente de éste no cobró derechos), incluso por el ejército británico; también inventó la “estufa Sibley”, empleada en el interior de esas tiendas.

(Frederic Remington)

Tras su derrota en Glorieta Pass (marzo de 1862) tuvo varios tropiezos más, fue llevado ante un Consejo de Guerra (ir borracho todo el día y mandar una brigada como que es algo incompatible en opinión de algunos mandamases tiquismiquis) y, aunque finalmente no fue condenado por la acusación de cobardía y desobediencia, se le retiró definitivamente del mando.

Al acabar la Guerra entró al servicio del ejército Egipcio supervisando la construcción de defensas costeras; recayó en el alcohol y fue destituido por enfermo e incapaz. Regresó a EEUU y siguió trabajando en otras invenciones para el ejército; libró su última batalla contra el Gobierno, esta vez en los Tribunales, para obtener compensaciones económicas por el uso de sus patentes.

Murió en la pobreza en 1886.

23/1/15

"When Johnny Comes Marching Home"

Esta canción fue compuesta en 1863 por Patrick S. ("Percy") Gilmore, director de una banda del Ejército de la Unión, concretamente del Regimiento nº 24 de Massachusetts.


A mí me trae dos recuerdos de la infancia, que cuento a sabiendas de que maldito lo que importarán:

El primero, de 7º de EGB, cuando nos hizo aprenderla (con la letra de "the animals went in two by two") la profesora de inglés, Dª M., la única mujer menor de 70 años que veíamos entre esos muros, lo cual explicaba (no diré que justificara) que el Abilio, un tío muy bruto, estuviera cada dos por tres recogiendo su lápiz del suelo a ver si atisbaba lo que se extendía más allá de los tobillos de la susodicha.

Y el segundo, por ser el tema central de un peliculón de Billy Wilder: "Traidor en el Infierno" ("Stalag 17", 1953).

16/1/15

¿Le tocaba siempre el caballo más lento?

El soldado Philip W. Carper, 35º Batallón de Caballería de Virginia, luchó en la batalla de Brandy Station (9/6/1863), donde fue herido de un sablazo nordista y hecho prisionero.

Tras un periodo en prisión fue intercambiado, y nuevamente hecho prisionero el 27 de diciembre; otra vez intercambiado, se rindió en mayo de 1865 al acabar la Guerra.

Murió en 1918.

10/1/15

Custer el estupendo

I

Una circunstancia que explica muchas de las actitudes de George A. Custer y los acontecimientos en los que participó fue que entendió perfectamente, en un momento histórico tan temprano, el poder de los medios de comunicación y su influencia sobre la opinión pública. Créate una imagen y una fama, y todo lo demás rodará solo. Ello le benefició durante la Guerra, luego durante las Guerras indias, y sobre todo después de muerto. Un caso típico en el que la estupenda opinión que uno tiene sobre sí mismo acaba contagiándose a todo el mundo excepto a los que le conocen bien.

Custer salió de la Academia de West Point en 1861 sin haber acabado su formación, como muchos otros, por necesidades de la Guerra que acababa de estallar. Llegó a General no tanto por méritos propios, sino porque hacían falta generales y no había mucha gente con una mínima formación militar. Eran lo que se llamaban "brevet generals", una especie de nombramiento provisional que quedaba sin efecto al terminar la contienda.

El caso es que, acabada la Guerra, su rango quedó en capitán. Es decir, que ni tan siquiera, en el momento de Little Big Horn, era el coronel de su Regimiento, el 7º de Caballería, aunque sí estaba al mando del mismo en esa campaña, como teniente coronel.

La historia, la de siempre; los indios que guardan sus montañas sagradas en lo que es hoy Dakota, Montana y por ahí, bajo el amparo de un tratado firmado con el Gran Padre Blanco, los buscadores de oro que se meten por medio, los indios que les atacan, el Ejército que protege a los buscadores de oro, el Tratado que queda en papel mojado, los periódicos clamando contra los diablos rojos, las elecciones que están próximas, y la cosa que se lía.

II

En la Guerra de Secesión, al mando de sus escuadrones de caballería, Custer perseguía a los rebeldes del Sur y su propia fama ante la opinión pública, en ambos casos con el mismo denuedo y temeridad.

No puede decirse que fuera un tipo cobarde, al revés, pero la temeridad en búsqueda de la gloria no es una cualidad militar, mayormente cuando tantas vidas están bajo tu responsabilidad. Mediante cargas (“trombas”) de caballería, Custer obtuvo muchas victorias durante la Guerra de Secesión, y fue quizás esa forma de pelear la que le perdió años después en el río ‘Little Big Horn’ frente a Caballo Loco, un guerrero sioux que sabía más de táctica por diablo rojo experimentado que por haber asistido a West Point.

A Custer le perdió esa forma de pelear, y también la autoconfianza: pensar que luchaba contra salvajes ignorantes (lo que era cierto, salvo a la hora de combatir) y eso hacía innecesario  —y contraproducente para la gloria personal que buscaba—  esperar refuerzos, contar con artillería y atender los consejos de sus exploradores.


III

Cuando las tropas del coronel Gibbon llegaron al lugar donde el destacamento de Custer había sido aniquilado el 25 de junio de 1876, lo encontraron plagado de cadáveres mutilados de mil maneras, sin caballeras y, algunos, incluso sin lo que no son cabelleras.

(Custer no fue el último en caer en la batalla, tal como lo presenta normalmente el cine, sino de los primeros. Y no perdió todo su Regimiento, sino sólo el destacamento de unos 200 hombres a su mando tras dividir sus fuerzas  —otro exceso de confianza—  antes de la batalla).

A partir de ahí se pusieron en marcha la política, la prensa y la hagiografía. Los indios (la nación sioux) no ganaron ya más batallas e iniciaron su decadencia y su desaparición como pueblo, si es que lo habían sido alguna vez. Custer, con el eficaz y esforzado concurso de su viuda, se convirtió en héroe nacional, ejemplo de virtudes militares e incluso (atención a la cutre-ironía) comprensivo con los indios. 

Hoy es un personaje cuanto menos discutido; su fama ha ido oscilando entre la elevación a los altares y el cuestionamiento total. Desde el héroe de “Murieron con las botas puestas” (Raoul Walsh, 1941), al muñeco patético y grotesco de la hippie “Pequeño Gran Hombre” (Arthur Penn, 1970).

Da igual. El bueno de Myles Keogh que, desde su Irlanda natal y hambrienta de patatas, había luchado en los ejércitos del Papa, cabalgó con Buford en Gettysburg, bailó el vals con la mujer del capitán Nathan Brittles, y cuyo caballo, “Comanche”, sobrevivió a la masacre… hubiera merecido contar a sus nietos sus aventuras. Y no pudo.

4/1/15

Vísperas

¿Cómo fuera para algunos la víspera de Navidad de 1860, la última antes de empezar la Guerra en abril de 1861?

Lincoln había ganado ya las elecciones, pero no había tomado posesión como Presidente de los EEUU. En la víspera de Navidad compró once pañuelos como regalos de Navidad. Siempre tan adulto.

En una tienda de Galena, Illinois, el mismo día de Nochebuena, un agobiado empleado de mediana edad (Ulises S. Grant) atendía a los clientes de última hora.

En una pequeña guarnición de Tejas, el coronel Robert E. Lee escribe a su irascible esposa disculpándose por no poder estar en casa con ella y los niños en Navidad, expresando su preocupación por la crisis nacional, y su esperanza en no tener que elegir entre la lealtad a su país y la lealtad a su Estado.



En el Sur, los esclavos de las plantaciones aguardaban el descanso que suponía la celebración de la Navidad, y en Maryland dos jóvenes negros esperaban con inquietud su próxima venta al día siguiente. (Las Navidades eran una época en que en las plantaciones se aprovechaba para cerrar los libros de cuentas y vender esclavos).

1/1/15

Las hermanas

“Los cuatro jóvenes rostros, sobre los que se reflejaba la luz del fuego de la chimenea, se ilumina­ron al oír las animosas palabras; pero volvieron a ensombrecerse cuando Jo dijo tristemente: 

—No tenemos aquí a papá, ni lo tendremos por mucho tiempo. 

No dijo «tal vez nunca», pero cada una lo añadió silenciosamente para sí, pensando en el padre, tan lejos, donde la lucha tenía lugar. Ninguna habló durante un minuto; después dijo Meg con diferente tono: 

 —Sabéis que la razón por la que mamá propuso que no hubiera regalos esta Navidad fue porque este será un duro invierno para todos, y piensa que no debemos gastar dinero en caprichos mientras nuestros hombres sufren tanto en el frente. No podemos ayudar mucho, pero sí hacer pequeños sacrifi­cios, y debemos hacerlos alegremente”.

29/12/14

Última Navidad en Richmond

La Navidad de 1864 sería la última de la guerra. Lee y su Ejército de Virginia estaban sitiados por Grant en Richmond y Petersburg, y Sherman avanzaba a sangre y fuego a través de Georgia. Con la mayoría de los puertos confederados en manos federales, el bloqueo naval de la Unión estaba agotando los recursos del Sur no sólo para la guerra, sino también para la población civil.

Varina Davis
Varina Davis, la esposa de Jefferson Davis, presidente de la Confederación, escribió sobre la vida en Richmond, la capital asediada, aquella Navidad: “Las caras sonrosadas, expectantes, de nuestros hijos pequeños eran un constante recordatorio de que el propio sacrificio ha de ser la ofrenda personal de cada miembro de la familia. ¿Cómo satisfacer a los niños cuando lo poco que podemos hacer es improvisar para atender las necesidades básicas de los miembros adultos de cada hogar de la Confederación?”.

En la ciudad hay un orfanato para hijos de soldados caídos, y para aquellos otros que ya carecen de todo. Robert Brown, sirviente de los Davis, se ofrece para hacer a mano una casa de muñecas, de cera, “una casa bastante segura (sic), con cuatro habitaciones”, decía. “Sería un bonito regalo para la niña más aseada del orfanato”. Sigue Varina: "Las damas se dispersan en patrullas ansiosas de cazar juguetes, y cada una acude al almacén de tesoros de sus hijos para contribuir al árbol de los huérfanos; mis pequeños fueron a casa a buscar sus propios tesoros: muñecas sin ojos, caballos con tres patas…”.

En la noche de Navidad se celebra un baile benéfico. Cuenta Varina que “Los oficiales viajaron a la ciudad desde el frente  —no era una larga distancia—  y se vistieron con sus uniformes de gala para el evento”. Llegaron al baile acompañados de bellas jóvenes, a quienes Varina describe "frágiles como hadas, pero agotadas de trabajar como campesinas para su hogar y su país... Así, con el intercambio de cortesías y actos de caridad, a lo que no pudimos añadir comodidades y placeres, pasó la última Navidad en la mansión de la Confederación".

26/12/14

Vitoreadle como si fueseis protestantes

Antes que acabe del todo la época pertinente, cuento que muchos de los villancicos que escuchamos estos días se cantaban ya durante la Guerra de Secesión, algo normal si tenemos en cuenta las fechas de su composición. Ya hablé aquí de “Jingle Bells” y aquí de "I Heard the Bells (on Christmas Day)".

Especialmente popular en la época era "Hark the Herald Angels sing" (1840) de Mendelssohn.



"O Holy Night" fue compuesto en 1847 por Adolphe Adam con letra escrita por Placide Cappeau, originalmente en lengua francesa. Se hizo muy famoso en los prolegómenos y durante la propia Guerra de Secesión a causa de su tercera estrofa que, hay que reconocerlo, venía al pelo en esos momentos:

Truely He taught us to love one another,
His law is love and His Gospel peace.
Chains shall He break for the slave is our brother
And in His Name all oppression shall cease.
Sweet hymns of joy in grateful chorus raise we,
Let all within us praise His holy Name!

Mi traducción cacahuera:

Verdaderamente Él nos enseñó a amarnos unos a otros,
Su ley es amor y su Evangelio paz
Él romperá las cadenas para que el esclavo sea nuestro hermano
Y en su nombre toda la opresión cesará.
Dulces himnos de alegría en coro agradecido alzaremos,
Alabemos desde nuestro interior Su santo Nombre!



Ya como contribución netamente americana encontramos "It Came Upon A Midnight Clear", compuesto en 1850 por Edmund Sears, pastor de la “Unitarian Church” en Lancaster, Massachusetts:



"We Three Kings of Orient Are" escrita por el Reverendo John Hopkins, Jr. en 1857, aunque no apareció impresa hasta 1863:




“Up on the Housetop", escrita por Benjamin Hanby en 1864 en la ciudad de New Paris, Ohio:



Esta ilustración de John Paul Strain (de quien ya puse cosas aquí) se titula "The Christmas Carol".


Una mañana de principios de noviembre de 1862 miembros del coro de la Iglesia presbiteriana Opequon en Kernstown, Virginia, ensayan villancicos. Pasan por allí ‘Stonewall’ Jackson y sus hombres hacia Fredericksburg.

Fundada en 1737, la Iglesia Presbiteriana Opequon es conocida como la "Iglesia Madre del Valle", siendo la iglesia organizada más antigua del Valle de Shenandoah. Durante la revolución americana la congregación Opequon envió a muchos de sus fieles a luchar en la Guerra de Independencia. En 1861 Opequon se unió con otras congregaciones del sur en la formación de la Iglesia Presbiteriana de la Confederación, enviando más hijos a luchar por la independencia del sur. 


Y una cosa me lleva a la otra: las congregaciones presbiterianas muy bien, pero uno no es muy de la Reforma, aunque a veces, como decía el padre Lonergan, a los buenos hombres hay que vitorearles como si fuésemos protestantes...



Pero donde esté una buena capilla católica, que se quiten las congregaciones paganas.

24/12/14

El Mal fallará, el Bien prevalecerá

Henry W. Longfellow, de quien hablé aquí, es el autor del poema cuya historia me permito contar un día como hoy: "I Heard the Bells (on Christmas Day)".

Henry Wadsworth Longfellow
Henry casó con Frances (Fanny) Appleton en 1843; tuvieron cinco hijos: Charles, Ernest, Alicia, Edith y Allegra. Una mañana de julio de 1861, Fanny había cortado el pelo a su hija Edith, de siete años, y decidió guardar de recuerdo un rizo de la pequeña en un sobre lacrado. Una vela encendida en contacto con la barra de lacre y el viento que entraba por la ventana, hicieron que se prendiera el vestido de Fanny. Henry intentó frenéticamente apagar las llamas que envolvían a Fanny, primero con una alfombra y después, al no conseguirlo, con su propio cuerpo, abrazando a su esposa, con lo que él mismo sufrió también graves quemaduras. Fanny murió al día siguiente y, Henry, incapacitado por sus propias heridas, no pudo ni asistir al funeral. (Lució barba desde entonces debido a la imposibilidad de afeitarse por las llagas del rostro).

Diciembre de 1863. Henry lleva sumido en el dolor de su pérdida más de dos años. Recuerda a Fanny a cada momento, a ella y a la sensación de que allí, en su mirada, sí podía descansar (‘hai días que non podo olvidar que non consigo olvidarte’ y en ese plan). La batalla de “New Hope Church”, en Virginia, ha enfrentado durante varios días (del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 1863) a los ejércitos de Meade y Lee, y ha dejado gravemente herido al joven teniente Charles Longfellow, hijo mayor de Henry y Fanny: una bala sudista ha quedado alojada entre sus vértebras.

Charles viviría, aunque incapacitado para el resto de sus días. Pero esa mañana de Navidad de 1863 Henry cree que también su hijo morirá de sus heridas, y siente que ya no puede más.

Escucha el repique de las campanas de la iglesia y escribe este poema (en inglés original aparece en el video de más abajo):

Oí las campanas tocar por Navidad
Sus viejos villancicos familiares
Y repetir las palabras
Potentes y dulces
De paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Y pensé cómo, cuando había llegado el día,
Los campanarios de toda la cristiandad
Habían tocado
La canción sin parar
De paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Hasta que, repicando, cantando en su camino,
El mundo girase de la noche al día,
Una voz, un carillón,
Un canto sublime
De paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Luego, de cada boca negra y maldita,
El cañón tronó en el Sur,
Y con el sonido,
Los villancicos se ahogaron,
De paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Fue como si un terremoto desgarrase
Los hogares de un continente
Y hundiese en la desesperanza
Las casas nacidas
De paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Y en desesperanza, agaché la cabeza
"No hay paz en la tierra, dije,
Porque el odio es fuerte
Y burla la canción
De paz en la tierra a los hombres de buena voluntad"

Luego repican las campanas más fuerte y hondo:
"Dios no murió, tampoco duerme,
El Mal fallará
El Bien prevalecerá
Con paz en la tierra a los hombres de buena voluntad".

21/12/14

Whisky e incidentes navideños

La llegada de lo más crudo de la estación hacía que los ejércitos se retirasen a sus cuarteles de invierno, por lo que solían pasar en éstos la Navidad. Por ejemplo, en Camp Pierpont, Virginia, la Navidad de 1861 (la primera de la guerra) transcurría para una brigada de Pennsylvania en la forma que sabemos por las cartas que enviaban a sus familias.

Los chicos recibieron cajas de casa para aliviar un poco la dura realidad de la vida en el campamento. En muchas de esas cajas había botellas de whisky, pero el jefe de la policía militar, por orden del general, abrió las cajas a su llegada y confiscó toda la bebida “para evitar incidentes”. Los soldados, en justa correspondencia por esa intromisión injustificable en sus derechos, ‘confiscaron’ una gran cantidad de pollos y gallinas que el general había recibido.

También se produjo un episodio de “fuego amigo”. Un soldado se disfrazó de Santa Claus con restos de ropa rebelde, y se subió a un árbol para hacer la gracia. Uno de los centinelas del puesto, ignorante de la situación, llegó a la conclusión de que aquel tipo era “uno de los hombres de J. Davis & Co.” (es decir, un rebelde confederado) y lo bajó del árbol con una bala entre los pulmones. Como para darles más whisky.

Ilustración de Winslow Homer para el Harper's Weekly

Ps.: Uno no es muy intensito, pero no puedo dejar de imaginar a quien quiera que estuviera en Pennsylvania recibiendo una carta de un ser querido a quien quizás, o sin quizás, jamás volvería a ver, y tocar el papel que han toc… Como decía: como pa darles más whisky a esos cabronazos cierrabares.

19/12/14

Jingle Bells, Pierpoint y el cuñadismo.

"Jingle Bells" fue compuesta en 1857 por James L. Pierpont (Boston, 1822 - Florida, 1893).

El padre y hermano de James eran 'pastores' protestantes; el hermano fue nombrado para dirigir la congregación unitaria de Savannah, Georgia, y James (que acababa de enviudar) abandonó Boston y lo siguió al Sur, convirtiéndose en organista y director musical de la iglesia.

En Georgia James volvió a contraer matrimonio (es lo que tiene ser organista de iglesia) y cuando estalló la Guerra, aunque su hermano regresó al Norte, él permaneció en el Sur con su esposa y los hijos del segundo matrimonio (los del primero habían quedado en Boston con el abuelo).

James incluso se unió a la caballería de la Confederación y escribió música patriótica para los ejércitos del Sur. Mientras, su padre también prestaba servicio militar como capellán en el ejército del Norte.

Pierpoint pasó sus últimos días en la casa de su hijo en Florida, donde murió en 1893. Tal como había pedido, fue enterrado junto a su cuñado Thomas, que había muerto en la primera batalla de Bull Run (un atípico caso de inexplicable síndrome de Estocolmo cuñadil).

Dylan basó su canción "Nettie Moore" del álbum Modern Times (2006) en "Gentle Nettie Moore", compuesta James Pierpont.


The Sons of the Pioneers con Roy Rogers también hicieron una maravillosa "Gentle Nettie Moore" en 1934. Puede oírse pinchando aquí.

Pero aquí está “Jingle Bells” de James L. Pierpont que, por cierto, también era tío de quien más tarde fue el famoso banquero John Pierpont Morgan (JP Morgan para sus amigos). Que la hacen Booker T. Jones (teclado), Steve, 'the Colonel' Cropper (guitarra), Donald "Duck" Dunn (bajo), Al Jackson, jr (batería).

15/12/14

El inventor del gordinflas ese del ho, ho, ho.

El Harper's Weekly (A Journal of Civilization) era una revista con sede en NY. Se publicó desde 1857 hasta 1916, y durante la Guerra de Secesión tuvo un éxito notable, siendo famosas sus ilustraciones de batallas y otros episodios de la Guerra.

"Autocaricatura" de T. Nast
Entre sus más influyentes ilustradores estaba Thomas Nast (1840-1902), considerado uno de los fundadores de la caricatura política; de él llegó a decir Lincoln que era "nuestro mejor sargento de reclutamiento". Nast era un furibundo anticatólico y un  —entonces se denominaba así—  “nativista”, esto es, contrario a la llegada de nuevos inmigrantes a Estados Unidos. (Por cierto, que el tipo había nacido en Alemania y había emigrado con su madre a los EEUU a los seis años de edad).

Nast también es conocido por ser el autor de las primeras ilustraciones en las que aparece “Santa Claus” con una imagen que recuerda a la que hoy popularmente se tiene de él, y fue quien le dio una dirección permanente en el Polo Norte para que ningún otro país pudiera reclamarlo y utilizarlo como propaganda… precisamente como hizo el propio Nast durante la Guerra de Secesión.

En esta ilustración de portada del Harper's Weekly de 3 de enero de 1863 aparece Santa Claus repartiendo regalos a soldados de la Unión. El grabado fue encargado por el propio Lincoln, como una forma de sugerir que Papá Noel estaba con los “buenos” y no con los “malos”.


Esta otra, también de Nast para Harper’s Weekly (“Merry Christmas to All”) corresponde ya a la Navidad de 1865, con la Guerra terminada, Lincoln muerto y la paz en los hogares. Papá Noel da un poco de miedo, y en la parte de abajo hay una representación teatral donde aparecen los generales vencedores Sherman (a “caballo”) y Grant, y las cabezas de los generales confederados que presumo serían A.P. Hill, Lee y Ewell. Ahí, reconciliando.


Y esta otra ilustración del Harper's Weekly (enero de 1863), mostrando a una familia en Nochebuena, separada por la Guerra. También de Thomas Nast. Atiende el invento de la tontuna de bajar por la chimenea. A la izquierda. Nunca un Rey Mago se rebajaría hasta tal punto. Jamás. Ni tan siquiera el de cuota.

13/12/14

Lana de vidrio y palomitas de maíz

A mediados del s. XIX muchos norteamericanos (sobre todo lo que luego sería el "Norte" en la Guerra de Secesión) veían la celebración de la Navidad como algo inapropiado; la tradición puritana de Nueva Inglaterra (el "Mayflower" y tal) tenía como mucho más adecuadas fiestas como el Thanksgiving Day. Sin embargo, en el Sur celebrar la Navidad era importante.

El Gobierno Federal no instituyó la Navidad como celebración "oficial" hasta varios años después de la Guerra, pero los primeros Estados en oficializar la fiesta habían sido los sureños Alabama en 1836, y Louisiana y Arkansas en 1838.

Dos elementos contribuyeron decisivamente al cambio de actitud favorable hacia la Navidad (su celebración festiva y popular). De una parte, el influyente libro de Charles Dickens "Cuento de Navidad" (1843) y su visión "victoriana" de la fiesta, que combinaba elementos religiosos y seculares: amabilidad, caridad, generosidad, reuniones familiares... visión que fue pronto popularmente aceptada.

Por ejemplo, la costumbre de la entrega de regalos (evidentemente previa comercialización) se amoldó muy bien al carácter práctico de los norteamericanos; también el centro de gravedad de las celebraciones pasó a encontrarse más en el hogar familiar y algo menos en las celebraciones comunitarias de las iglesias de tradición puritana.

El otro elemento fue la Guerra de Secesión, como iré contando estos días.

"Confederate Christmas, ilustración de Mort Kunstler

Hombres del 86º de Infantería, 1945
El símbolo por excelencia entre las familias americanas en Navidad, el árbol de idem, se popularizó durante la Guerra de Secesión. Los emigrantes alemanes llegados tras las revoluciones de 1848 introdujeron este ritual. Aunque los alemanes de la época ponían un árbol en miniatura sobre una mesa decorada con ornamentos caseros, dulces y velas, los estadounidenses variaron la costumbre poniendo un árbol de tamaño completo en sus salas de estar.

También los ilustradores de los semanarios nacionales ayudaron a popularizar la práctica. Las decoraciones en su mayoría estaban hechas en casa: frutos secos, palomitas de maíz, piñas, papeles de colores, papel de plata, lana de vidrio… y regalos como juguetes tallados, pasteles o frutas. Hay historias sobre la introducción en el mundo anglosajón del árbol de Navidad a mediados de 1800 por el príncipe Alberto (el del Royal Albert Hall), consorte alemán de la Reina Victoria, aunque parece raro que, habiendo reinado tanto tiempo en Inglaterra la dinastía (alemana) Hannover, tuviera que ser este chico el introductor de la costumbre en el Reino Unido.

También el árbol de Navidad se abrió camino en los campamentos militares. Alfred Bellard, del 5º de New Jersey, escribía en una carta desde su tienda a orillas del Potomac: "Con el fin de hacer que parezca tan Navidad como sea posible, hemos trabado un pequeño árbol ante nuestra tienda, cubierto con tachuela dura y carne de cerdo, en lugar de pasteles y naranjas”.

El problema no es confundir la carne de cerdo con las naranjas, sino la lana de vidrio con las palomitas de maíz, que cuando pasa eso resulta muy desagradable.

11/12/14

Maryland

Maryland era un Estado “fronterizo”; que no sé lo listos que eran sus habitantes, sino que estaba dividido entre partidarios del Norte y del Sur; de hecho, era un Estado que permitía la esclavitud. Pero, una vez que Virginia se separa de la Unión, Lincoln no puede permitir que Maryland haga lo mismo, porque entonces la capital, Washington DC, queda encajonada entre dos Estados enemigos, por lo que hace invadir Maryland por tropas de la Unión para así 'asegurarse' su lealtad.

Aún así, Maryland permitió la esclavitud casi hasta el último año de Guerra; la famosa proclamación de Lincoln de emancipación hecha tras la batalla de Antietam, septiembre 1862 (que se cuenta en la película de Spielberg), no afectó a Maryland ni a sus esclavos. No me voy a enrollar ahora sobre mi opinión de Lincoln, a quien sus defensores admiran por su pragmatismo pueblerino y frases ingeniosas, mientras que otros lo tenemos como un dictador encubierto e hipócrita.

De Maryland era John Wilkes Booth, el asesino de Lincoln; Booth procedía del condado de Hartford, con profundas raíces esclavistas, y se sintió bastante decepcionado y cabreado cuando en 1864 se abolió la esclavitud en su Estado gracias a una mayoría de muy escaso margen. Tan decepcionado y cabreado que cometió ese cobarde magnicidio en abril de 1865.

Y en Maryland se libró, el 17 de septiembre de 1862, la citada batalla de Antietam, la más sangrienta de la historia de los Estados Unidos que se haya librado en un solo día, con casi 23.000 bajas. Aquí una pequeña recreación de parte de la batalla, tomada de la película “Glory” (Edward Zwick, 1989). Escena desaconsejable para los que no les apetezca ver unos sesos esparcidos por culpa de una bala, aunque sean efectos especiales (aviso).